..migas y pestañas..
Se hace asì: cuando ya ha pasado un tiempo sin pensar en el lugar, los olores y las emociones, se vuelve a recordar. Entonces es cuando puedes volver a mirar las fotos, algunas no las has visto nunca, ni siquiera cuando las sacaste. Ahì van, esos momentos de lluvia y humedad bajo un cielo no tán lejano, de nubes rapidas que todo lo confunden y todo lo purifican, de detenimiento a mirar los minares intentando distinguir los matices y descubriendo que no, que tu paleta de color no es suficiente..
Unas cuantas cada día, no más.



Queridos,
..no eran negros, los ojos digo, no eran negros sino verdes. Hubiera caido antes, si no por las larguísimas pestañas negras y el miedo a mirar a los ojos a cualquiera.. Asì se acaba mi último dìa en Istanbul. Con mucha tristeza y con los recuerdos maravillosos de un cachito de sol a iluminar el beso eterno entre Europa y Asia, de la magia de las terracitas con vistas sobre el Bosforo donde hé estado tomando çay en el parque de Gülhane, del krepes calentito que me ha preparado una anciana en su minusculo quiosco en el muelle de Ortaköy, de las faldas blancas de los derviches danzando... Pero no quiero ponerme melanconica y os contaré un poco mi día! Por fín hé visto la ciudad inundada de sol, no ha durado mucho, pero esta mañana un viento despiadado ha limpiado el cielo, soplando entre los minares y los pilares del enorme Puente del Bosforo se ha llevado todas las nubes y ha despejado el aire, dejando el paso al sol más grande que haya visto nunca! Andando hacia el Palacio de Dolmahbaçe sé descubre poco a poco el barrio de Beşiktaş, no os imagineis solamente el campo de futbol (chicos por favor!!), sino un barrio moderno con problemas de trafico y hoy hasta de un muerto en la cera. Lo que oís: un muerto! Estaba yo en una tienda de música buscando el cd de un cantante griego cuando la dependienta me coge del brazo, me lleva a la puerta y empieza a hablarme en griego, habrá sido de la emoción, pero ella me explicaba sin preguntarse y yo la entendía, al menos creo. Pues bueno, de un momento a otro había aparecido en la cera de enfrente el cadaver de un hombre y nadie había visto como había llegado allì. Misterios de la Mediterrania. Pero luego todo ha vuelto a la normalidad, en un instante, tál y como se había revolucionado todo el mundo ha vuelto en su sitio. Por cierto, el cd que buscaba no lo tenía, pero quise ser amable y al despedirme le hé dicho ευχαριστώ, la infeliz me ha contestado ευχαριστώ y algo más, pero de momento mi conocimiento del turco le lleva ventaja a el del griego asì que...na'! Beşiktaş acaba en el muelle de Ortaköy, que está justo debajo del Puente del Bosforo y es un pequeño y encantador barrio de casitas de madera y calluejelas empedradas, en el muelle hay quioscos de krepes y de burek, las primeras mujeres que hé visto aquì dedicarse al comercio son ancianas con pinta de estar esperando desde hace muchos años un pescador que quizás no vuelva, con un pañuelo colorado en la cabeza y su mejor sonrisa te preparan al momento un krepes relleno de carne, queso o verduras por 3 digo tres liras, el equivalente de 1,50euro! Dicho krepes también está riquísimo y tán calentito que se agradece en el aire frio y humedo del muelle. Todavía no me acostumbro a la idea que mañana a estas horas ya estaré nuevamente en Barcelona, hoy lo hé pensado por primera vez desde que estoy aquì y os aseguro que se me hace insoportable y dolorosa. Adoro mi ciudad y soy muy feliz viviendo allì, la vida me está dando mucho y tengo a mi alrededor personas maravillosas a las que quiero con toda el alma, pero aqui hay algo...me falta algo por descubrir o por entender...pero esto ya os lo contaré cuando vuelva.