..dicen que todo llega cuando ha de llegar. Todo se va, entonces, pienso, cuando se ha de ir. El dolor, la alegria, las sorpresas, las personas. Ya casi es el momento de salir, otra vez. Estoy viajando mucho y a veces ni me doy cuenta. Sardegna es una gran isla verde en el medio de la mediterrania. Al llegar del cielo puedes verla casi entera, con las montañas al centro y las costas de arena blanca y rosada todo al alrededor, las playas limpias ahora, en los ultimos dias de invierno. Cada vez que viajo aquí intento convencerme que voy a mi casa, y soy muy conciente que tal vez sea verdad. No es casa, acaso, el sitio donde se reunen todos los recuerdos y la gente de nuestra infancia? Lo que más me remueve recuerdos es el aereopuerto, es llegar y buscar esos ojos entre la gente, esos ojos que te buscan a tí y antes de verte están preparados ya para decir que estás más delgada, que quizás trabajas mucho y que no tomas bastante sol. Mamma. Hay palabras que no llegas a traducir nunca. El reencuentro es mi casa, y la despedida puntual nuestra condena. Pero eso elegímos, y así vivimos. En la terraza aprovecho el sol de la mañana, todo es luz y calor y me levanto pronto para no perderme ni un momento, ni una gota de luz blanca. La gata me observa abrir el balcón y salir en bata, sigue mis movimientos lentos de calor y de sueño y espera a que me siente entre las plantas para venir a reclamar su sitio en mi regazo. Puede que mi casa sea donde está mi gata, y ella está aquí, blanca y negra y perezosa, roncando y tapandose las orejas con sus patas como el que no quiere saber que pasa allí fuera, más allá del recinto, fuera de su casa.